Es surreal cómo algunas mañanas me despierto dudando cuál de mis dos realidades fueron simplemente un sueño, la parte donde estaba felizmente embarazada de mi segunda hija o la parte en donde me tocó despedirla y aprender a vivir con un hueco eterno en mi familia.
Luego de mirar algunas fotos de mi vida de antes, respiro profundo y con resignación entiendo que esto es lo que tengo ahora. Agradezco por lo feliz que fui. Sin duda la nostalgia de querer esa alegría extendida hasta el día de hoy con mi bebé en brazos y Stephania a mi lado, me acompaña cada amanecer.
A veces dudo de mi capacidad de categorizar el dolor. Seré la mamá que un nuevo bebé merece? o aún estoy muy golpeada por la vida?
Le estoy abriendo poco a poco un espacio al pensamiento de un 3er bebe. Aunque nunca dejé de tener a flor de piel el sentirme en "la dulce espera" con todas mis funciones maternales activadas y preparadas, deseosas de criar.
Pero quiero asegurarme de estar bien, no sólo físicamente (que cómo médico entiendo que debo esperar sanar) sino que mentalmente, darle su lugar.
Es como estar preparando una casa con muchos cuartos, me he encargado de reparar las paredes caídas y las ilusiones despintadas, a veces encuentro un cuarto nuevo todo manchado de rabia o tristeza y trabajo en el hasta limpiarlo por completo. Entiendo que mi casa no es perfecta, aún tiene algunas piezas sueltas y el suelo un poco agrietado, pero sigo construyendo sobre ella, especialmente remodelándola para ver si queda aún más bonita de como era antes, porque con tanta tormenta se derrumbó todo plan y estructura del futuro que yo había diseñado, ya no se ve como antes, no es la misma, pero confío en su resistencia.
Esta casa tiene nuevos planos, uno que no reemplaza el espacio de Stephania, ni el de Nicole, que ya los he ido limpiando y redecorando de felicidad.
Decidí que mis hijos no ocuparán la misma habitación, quiero que compartan la casa entera pero cada quien con un universo individual.
Así que instalaré uno nuevo, con sus propias alegrías, nervios y esperanzas.
Me emociona demasiado, me impaciento y me recuerdo que no tengo el control.
Bendito tiempo.
Lo que me da tranquilidad es que confío en los fundamentos de este hogar que ha superado un tsunami y tiene cimientos firmes de creencia.
Indestructibles columnas de familia, que aún nos sostienen.
Un gran techo de amor que nos cubre y refugia.
Tienen a mamá y papá que fabrican bloque a bloque momentos felices.
Impermeabilizan la esperanza y aislan los miedos.
Nivelan los recuerdos.
Refuerzan lo hermoso que hemos vivido y preparan el terreno para lo que esté por venir.

Comentarios
Publicar un comentario