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Tarrito morado para las cenizas.

El morado, nuestro color, 
el que elegí para ti. 
Hoy tuve otro tipo de elección. Pero lo hice con el mismo amor. Igual que la elección de tenerla sobre mi pecho, sentir su peso y tocar sus manos. Para que mi mente fraccionada y dispersa volviera a encajar.

Nuestra hija menor, Nicole Isabel. Finalmente te puedo ver.

Ya nos conocimos en movimientos, antojos, revoloteos, y en conversaciones unidireccionales, pero aún en mi mente no lograba poner una imagen a tu rostro.

En sueños te ví con el cabello negro y papá te soñó con el cabello largo y muy parecida a tu hermana Stephania. Yo especulaba que quizás tendrías los ojos claros como tus bisabuelas. Y en las ecografias parecía que tendrías la nariz Guillen. Lo único que tenía claro es que para mí serías perfecta.

Ese día en el quirófano, el dolor de no escuchar su llanto, ni sentir su respiración. Fue acompañado de la ternura de verla hecha realidad: Se parecía a su papá, con el cabello negro como mamá. Hermosa, como su hermana.

Dios sabe, que la amamos desde el primer día y que agradezco cada segundo que compartimos.

  Pero también sabe cuánto deseé tener más tiempo con ella, verla crecer. Duele repentinamente caer en cuenta que no puedo tenerla conmigo.

Resignarme a que en esta vida no la pude ver abrir sus ojos, ni tomar su mano al caminar, entender que seguirá siendo una ilusión que jugaramos en el jardín o que haciera estrellas con su hermana.

Me entristece no poder celebrar cada una de sus hazañas y tener que aceptar que no tendré recuerdos de su voz. Me quedaré con la idea de que su personalidad me sorprendería y con la intriga de conocer sus sueños e intereses. Lamento haber dado por sentado que conocería su sonrisa o que cantaríamos juntas a todo pulmón.

Por ahora mentiría si dijera que no me da impotencia, como madre y como médico, no comprender el resultado de un embarazo impecable. En el que cada laboratorio, cada ultrasonido, cada consulta traía la seguridad de que TODO iba bien. Ni una alarma. Ninguna alteración. Inexplicable. Pero sucede. Más de lo que creí.

Como mujer me invito a reconocer el milagro que es la formación de un ser humano. Una personita que es mitad mía y mitad del hombre que amo. Pasan los días y me repito a mi misma, que hice todo para cuidarla.

Me calma apreciar que estuvo viva dentro de mi por 8 hermosos meses, y que pude honrar su existencia al tenerla en mis brazos.

Atesoro la oportunidad que tuve de atrapar sus deditos entre los mios, sentir lo suave de su piel, acariciar su cabello y admirar cada detalle de ella. Sus pestañas, su nariz, sus mejillas. Perfecta como la imagine.

Nicole, memorizarte, era lo que mi alma necesitaba. Nene, aunque no quería separarme jamás, y con nostalgia sostenga entre mis manos un tarrito morado como símbolo y recuerdo de ti. Sé que ya no vives en ese cuerpo.

Ahora vives en nosotros.

Hoy me duermo pensandote como un lindo arcoíris.

Porque Dios me mostró uno con brillantes colores (en especial el morado).

Stephy gracias por ser mi rayito de sol. Recuerda la promesa, gracias a Cristo nuestra esperanza de vida eterna.

Cuando nos reencontremos podremos hacer todo lo que nos quedó pendiente.

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