Mucho he examinado mis sentimientos sobre otros bebés desde la muerte de Nicole.
Comenzando cuando estaba en la sala de recuperación con una madre a quien felicitaban por la salud de su recién nacida a pesar de su preeclampsia.
Luego, en los pasillos del ala de maternidad me preguntaba si sería capaz de volver a escuchar el llanto de un recién nacido sin sentir un hueco en el estómago.
No fue sino en los días posteriores que comencé a entender que todo en mi vida sería un antes y después.
Creo que mi primer encuentro con un bebé fué en una fila de una tienda y evadí a toda costa cruzar miradas.
Pasé por muchas fases, pero nunca quise ahondar en pensamientos o preguntas sin justificación.
El mundo continúa.
Hoy, agradezco a Dios el lugar a donde me ha traído en esta montaña en particular, y por haberme dado la claridad para reconocer su compañía en cada situación retadora.
Le agradezco a Él por la vida y la salud de esos bebés que me enseñaron tanto:
Triana, Christian, Samuel, Ornella, Viena, Alana y Olivia.
A la única que conozco personalmente (por ahora) es a Olivia, la compañera morocha de edad gestacional de Nicole, tenían en común la fecha probable de parto y tener mamás que se graduaron juntas de médico y que son amigas desde el 2012.
Estaba sólo un poco nerviosa de conocerla, pues, era mayor la certeza de querer hacerlo.
Reencontrarme con mi amiga y compañera de barriga era parte de la ilusión. Sé que también ella movió cielo y tierra por hacerlo posible, creo que dentro de su corazón Dios puso el mensaje de lo mucho que yo lo necesitaba.
Y gracias también a las primas que hicieron realidad tan esperada reunión.
Nada fue casualidad.
Todos sabíamos que me toparía frente a frente con mis sentimientos, me cuestionaba internamente si me haría daño, o si podría sentir amor sin sabor a melancolía.
Me preguntaba si la imagen de Nicole nublaría mi mente.
Verla, cargarla. Sentir a una bebé luego de 4 meses, detonaría alguna granada oculta?
Lo misterioso es que el beso que le dí a Stephania al despedirme, antes de viajar el fin de semana fue el que me llevó directamente a la sensación de mis labios tocando la mejilla de Nicole.
Increíblemente, esto no se repitió con Olivia. Cuando besé su pie no me teletransporté. Sólo me quedé allí con ella. Conociéndola y disfrutándola.
Al verla, me inundó el recuerdo de Stephania con 4 meses. La alegría de ser mamá, la felicidad de entender perfectamente cómo se estaba sintiendo mi amiga.
Al cargarla sólo se despertó una ternura pura y genuina.
En mi cabeza creo que Nicole permanece como una recién nacida, porque no la ví reflejada en los cachetitos o la mirada de Olivia, con ella, sólo reviví lo mucho que disfruté a Stephy cuando tenía esos meses.
Definitivamente Stephania es el factor catalizador de mis sentimientos.
La que reduce la incertudumbre y me acerca a mis lugares felices.
Nicole ha sido mi transformación y mi renacimiento. El recordatorio de la dualidad de mi vida en la que soy vulnerable y fuerte al mismo tiempo. Ella tiene su lugar, único, propio. Hermoso.
Hijas. Trabajé durante meses en mi capacidad de separar el dolor, del amor.
Oré, leí, escribí, lloré y finalmente entendí que coexisten en mí, y si pongo atención... no se llegan a mezclar.
Dios me ha permitido sacar cordura del pasado, sin perder de vista mi presente y mantenerme asegurada en la promesa de vida eterna para ver brillar mi futuro junto a ustedes.
Las amo tanto.
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