Ir al contenido principal

Sin rueditas por primera vez

Por primera vez en meses, me acuesto feliz. 
Esperanzada, tranquila. Serena.

Se unieron muchas cosas lindas y simples el día de hoy.
 Fue fluyendo como un dia normal, con sus que haceres, con sus flojeras. 
Pero con chispas de gratitud por todas partes.

 Si tuviera que elegir mi momento favorito, fue ver a papá enseñando a Stephania a andar en bicicleta sin rueditas. 
Verlo sumergido en modo paternal me enamora exponencialmente. 

Y yo, le quité mis rueditas hoy al corazón.
Anda libre por allí, creyendo en que mañana conquistará el mundo a paso de hormiguita.
Tambaleando de lado a lado con nervios de caer o hacerse daño. 

Pero disfrutando del viento y el aroma a sueños nuevos.
 Con vista al frente. 

Dándole una oportunidad a la perseverancia que me queda agazapada luego de una caída atroz.
He suturado mis heridas, sé que pronto se convertiran en hermosas cicatrices.
Tengo mis vendas puestas, casco y rodilleras para seguir andando y ver todos los grandiosos lugares a donde podremos llegar juntos. Con mi esposo e hija grande pedaleando a mi lado y con mi hija chiquita en el centro del pecho. 

 Porque como le explicaba a Stephy, uno debe aprender a caer, para poder levantarse, y seguir intentando. Para dominarlo o hacerlo mejor, pero sobre todo para disfrutar el paseo.
 
Hijas, Ustedes me enseñaron a andar sin rueditas.
Hoy las siento a ambas vivas en mi respirar, felices en mi sonreír y valientes al aprender que debemos disfrutar del riesgo implícito del paseo de la vida.
  


Comentarios