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Carta a mi tercera hija, Serena.

Serena,
Me tomó casi un año escribirte, sentarme a reflexionar lo intenso, grande y complejo que siento por ti. 
Entender y asimilar que si estas aquí, que continuas aquí, que te quedaste conmigo. 
Entre el 9 y 12 de junio fue que solté las muletas que le tenía puesta a la mamá que tú inauguraste, y era porque creía que aún tenía el corazón vendado o enyesado, no pensé que estaba lista, hasta que me solté, o mejor dicho, me cayó el peso del amor, que lo tenía flotando, sostenido, como cuando cargas a alguien estando dentro del agua. Ahora si puedo sentirlo con todo su peso, fuerte y claro.

 Perdóname hija, pero la verdad es que no lo sabía.Estaba conteniendo la respiración, estaba atajada, de puntillas. Te estaba viendo mía, pero desde lejos. Tocando sólo la superficie de lo mucho mucho mucho que te amo, admirando como una expectadora el regalo tan perfecto que Dios me ha enviado contigo. 
Había estado manejando por 11 meses la maternidad con el tranca palancas activado. 
Pero me desbordé, rompiste mis barreras inconscientes. Quebraste la vitrina por la que te estaba observando y me abrazaste, me miraste y me aclaraste con tu sonrisa que eres mia, sin cambios, sin devoluciones, sin pérdida, sin dolor.

Abrumada y superada por el intenso afecto, como cuando por primera vez conocí el amor de madre con Stephania. Sentimental y visceral como cuando supe que tenía que despedirme de Nicole y conocí el amor de madre en el dolor, perpetuo. Me he encontrado en tantas fases, emociones, que sólo entenderás si algún día te conviertes en mamá. 
Pero te confieso que sólo tú, tu personalidad, tu ánimo, tu existencia, me han dado una perspectiva nueva, fresca y milagrosa.
Porque si, aunque suene cliché, creo que eres nuestro regalo. 
Ciertamente, no quisiera cargarte, con ese título o responsabilidad. Pero no puedo dejar de reconocerte como esa chispa que vino a iluminar nuestras vidas.

 No le debes nada a nadie, ni estas ocupando el lugar de alguien más, tu eres única, especial y tienes TU propio espacio en nuestras vidas. Pero te lo voy a pintar así: En un rompecabezas de 100 piezas, una pieza se perdió, pero justo la pieza que está cerca de ese vacío, tiene un montón de dibujitos, brillitos, detalles, y colores que combinan perfecto con el color y la forma del huequito de la pieza faltante, tanto, que el rompecabezas, incluso estando incompleto, se ve hermoso, el espacio de la pieza perdida sigue allí, pero está en armonía con todo a su alrededor y se mezcla tan bien que provoca continuarlo. Estás tan contenta con él, que sabes que al terminarlo, valdrá la pena enmarcarlo y exhibirlo para verlo el resto de tu vida.

Eres esa pieza que hizo posible que nuestro rompecabezas de vida, de piezas desordenadas y perdidas, se pudiera continuar armando y se vea tan lindo, que povoca mostrarlo al mundo entero.

Te amo mondonguito mio, mi Serenita. 
Eres la paz, la calma, la armonía, el sentido, el alivio, el suspiro de felicidad, la afirmación y respuesta de Dios a mis oraciones. 
Hijas, una vez más les digo que el amor crece y se multiplica, no se reparte, ni se divide. También, que es una decisión abrir bien los ojos para encontrar la bendición, la abundancia y la felicidad todos los días. Ustedes, a mi, me lo ponen fácil de identificar. Pero, si algún día, no lo ven tan envidente, espero se tomen un segundo y se pongan la mano en el pecho para sentir su corazón latir (una bendición), respiren profundo (abundancia) y recuerden que a mamá la hacen muy feliz, siempre. (felicidad=ustedes). 


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